martes, 5 de marzo de 2013

Ruta de la Muerte - Coroico


"Nuestra Señora de La Paz" es el nombre completo de la capital real de éste país. Para los que no conocen ni han escuchado acerca de Bolivia, posee gran cantidad de espacio selvático, una cultura muy linda, mucha historia por conocer, y grandes personas con las cuales interactuar. Un destino al que arribé dos años consecutivos, y pienso volver en el futuro. ¿Cuál es el país que mas me gustó en mis viajes? DECIDIDÍSIMO QUE BOLIVIA.
Ya en ésta gran ciudad me encontré otra vez con Mario, y junto a sus nuevas compañías Marta, Gonzalo y Belén fuimos a recorrer el Valle de la Luna, una formación extraña con forma de estalagmitas de tierra que se extiende por más de 200km. Al regreso traté de convencer en vano a los encargados del hostel sobre los beneficios mutuos de arreglarles los tomacorrientes y las computadoras a cambio de descuento en la expedición del día siguiente, pero no hubo caso. Los bolivianos en general(sin discriminar, solo hablando la realidad que ví) son personas de mentalidad muy cerrada que responden "NO" a todo, sin pensar en los beneficios que puedan llegar con un "SI".

Al día siguiente llegó el tan esperado "Camino de la Muerte", experiencia que me valió 35 bolivianos menos gracias a Héctor, un empleado de El Solario. Un genio, que luego fue nuestro guía, y que me ayudó a no embolsar a todos por culpa de unos pocos.
Con desayuno americano, compañeros simpáticos, y guías conocedores, el tour predecía ser recordable. A las 9:30 partimos desde "La Cumbre" a una altura de 4700msm bajando unos 21km por ruta a una velocidad excéntrica, que no creí haber podido llegar nunca. Terminado ese tramo, comenzó lo verdaderamente peligroso; 42km de ripio con un solo carril en bajada hasta llegar a los 1200msm. Como podrán suponer, no me iba a quedar atrás, y por más que pude disfrutar la belleza del paisaje, también pude disfrutar al sentir la adrenalina fluir por el cuerpo al competir con mi amigo francés Valentín por los primeros puestos, siempre detrás del guía. Saber que muchas personas habían muerto en ese mismo recorrido no alcanzó a influenciarnos para dejar de pedalear a fondo aún a punto de caernos en varias ocasiones. Las manos nos temblaban y dolían a las 11 personas del grupo en cada parada que teníamos  pero tampoco fue suficiente para que alguien dijera "no quiero seguir". Al llegar a Yolosa, fin del recorrido, nos esperaba un buen reconocimiento con buffet y pileta incluida, lugar en el que me despedí de todos. Felicitaciones sobrevivientes. Ahí aproveche la cercanía y pasé por uno de los únicos sitios que quedaban pendientes en Bolivia, Coroico.

Ya deje de creer en la suerte como tal, ahora simplemente creo en la causalidad de las cosas. Acción y reacción. Actitud. Será por eso que en Coroico me encontré muchas personas maravillosas, y todas reunidas en el mismo sitio. Al llegar y preguntar por un lugar donde acampar, Julia me acompaño varios kilómetros buscando el EcoRefugio, lugar que pasó de estar a 800 metros(como figuraba en el folleto) a 5km. Cruel mentira. Tuve que seguir buscando y fue Vincent el que me acompaño a otro lugar, esta vez en bajada hacia un camping. Lo encontré, y ya exhausto de tantos kilómetros con el mochilón sobre la espalda, pude armar la carpa y dejarlo adentro. Volviendo a la plaza central, me encontré con muchos personajes, entre ellos a Cecilia y Marcos, artesanos viajeros, y gracias a ellos a mis amigas que me acompañaron en el pueblo, Ana y Marian. Como yo, estaban buscando ahorrar poniendo la carpa en algún lugar barato, y cuando cayó la noche fuimos al camping. Se dió que eran mas aventureras de lo que aparentaban, y en un impulso, terminamos durmiendo en medio de la selva, entre bananos y mangos. Dulce experiencia.

Al otro día con mas tiempo, pudimos, después de un almuerzo riquísimo y de dar muchas vueltas, llegar con Vincent, Ana y Marian a las famosas cascadas. No eran nada de otro mundo a decir verdad, pero la pasamos muy bien, metiéndonos debajo de una de ellas, y purificándonos con el agua fría de las montañas. Sociables todos, nos hicimos amigos de otros chicos de Argentina, y juntos volvimos a la plaza central. Sin darnos cuenta, terminamos siendo un gran grupo hasta que se fueron los tres chicos argentinos, pero fueron rápidamente reemplazados por tres franceses recién llegados.
A la noche después de comer terminamos siendo 3 franceses, 2 argentinos, 1 canadiense, 1 costariqueña y 1 dinamarquesa. Riquísima ensalada cultural, en la que divagamos sobre comida transgénica, plagas argentinas en francia y anécdodas de nuestros viajes. Dormimos nuevamente gratis en una plaza, que al llover nos ofrecio techo bajo sus toboganes; fuimos muy afortunados.

Vuelta a La Paz con Marian y Ana, tuvimos una rápida pero calurosa despedida. ¿Se acuerdan lo que pedí acerca de Alma, Melisa y Harry? la causalidad nos cruzo otra vez aunque solo por unos minutos. Esos precisos instantes valían oro para mí, pero no me arrepiento de habérselo entregado a ellos. Luego a las corridas, terminé pudiendo cumplir todo lo que tenía que hacer: buscar en el hostel mi ropa y el cd y remera del camino de la muerte, saludar a Marta (desgraciadamente Mario ya había partido), pedir los videos a Valentín, cambiar plata, comer, cargar celular y computadora y llegar a tiempo para el bus de las 17hs. Todo en 2hs. Según me comentó mi amiga alemana Anny, "No se como hacen en Sudamérica, pero al final todo les sale", refiriéndose a la rigurosidad innecesaria alemana que ya aprendió a dejar de lado.

En estos momentos después de un largo viaje estoy a dos horas de la frontera argentina, listo para volver a Córdoba con un camionero amigo. Extraño mi patria.

sábado, 2 de marzo de 2013

Isla del Sol (Copacabana) - Bolivia


Copacabana fue como siempre, solo una ciudad de paso. El destino verdadero, es la isla ésta vez del lado Boliviano del Lago Titikaka. "¡Un paraíso!" les comentaba a toda persona  que pasaba cerca, "No te lo pierdas que seguro la vas a pasar bien".
Y lo cierto es que sigue siendo así. Despues del desencontronazo con Mario, tiré la carpa en la playa, junto con los artistas viajeros. Malabaristas, cantantes, músicos, poetas, y yo, gimnasta. Personas divertidas y exóticas, que hacen de su vida una fiesta, viajan de su arte, y disfrutan sabiendo que el tiempo no existe.
Luego decidí cambiar mi carpa debajo de un minitecho que cubría casi toda la carpa, y lo complementaba con un nylon, sabía que por más soleado que estuviera en el día, la noche se vuelve impredescible ahí. De cualquier manera, mi lugar fue siempre entre ellos, viendo y haciendo arte, y divirtiendonos con el juego de dados "Dudo".

Aparte del sector hippie, en unos de los fogones algo me llevó a hablar y conocer a Alma, una linda chica mexicana, recibida de detective privada, que viajaba junto con Harry, su amiga Melissa y (momentaneamente) su novio. La historia de ellos es muy interesante. Harry es un hombre retirado, viajero, que decidió viajar por todo Sudamérica, y para eso contrató a Melissa como guía. Le paga solamente el viaje y todo lo que gaste en él. "¿Solamente?" Sería maravilloso tener ese "Trabajo". Uno en el que viajas y conoces sin gastar dinero más que lo prescindible.
Un verdadero placer conocer personas con ese espíritu; simpáticas, agradables, y sobre todo, buenas personas. Espero que el camino nos cruce otra vez, sin importar el tiempo.

De la Isla del Sol mucho más no tengo para decir, un lugar precioso, con arena blanca, ruinas incaicas en su cima, vistas extraordinarias y mucha energía. Esto último se contradice un poco con todo lo que hice en la Isla: relajarme.